Mientras los más futboleros se quejan del bajo nivel de los primeros partidos, quienes nos asomamos a este Mundial con la misma fascinación antropológica que un alienígena aterrizado en Cerdanyola del Vallès tenemos que reconocer que el torneo nos está dejando buen material. Sucede que la actualidad ha rebajado tanto nuestras expectativas que presenciar un acto civilizado parece un milagro. Y ahí es donde entran los aficionados japoneses y sus bolsas azules de basura.