Es bien sabido que el consumo del alcohol está ampliamente implantado en nuestra cultura de raíces cristianas, donde el milagro trataba de convertir el agua en vino. De uno u otro modo, el consumo de esta sustancia siempre ha estado presente en nuestro día a día, asociado normalmente a festividades y celebraciones, aunque no es menos cierto que se ve ampliamente demandado en otros contextos menos puntuales y por tanto más frecuentes como aperitivos, almuerzos o reuniones de amigos.