Mucha gente piensa que cambiar una planta de sitio es la solución mágica para cualquier problema, pero ojo, que trasplantar por impulso puede ser un tiro en el pie. Es muy común ver que las hojas se ponen amarillas o que el crecimiento se estanca y saltar directamente a comprar una maceta más grande, cuando en realidad el problema podría ser que te has pasado con el riego o que la planta está pasando hambre por falta de luz. La clave para no cargaros la planta es hacer un diagnóstico serio.