Hace 21 años, cuando lancé la revista Revolution, cometí el error de afirmar que la razón de ser principal de un reloj mecánico de alta gama era conectar con su propietario a nivel emocional. Mi razonamiento era el siguiente: establecí un paralelismo entre la llegada de la tecnología de cuarzo y la invención de la cámara fotográfica en términos de cómo cada una moldeó el desarrollo de la relojería y el arte.