La cumbre del G7 que se celebra estos días en Évian, Francia, vuelve a poner de manifiesto una contradicción cada vez más evidente en la gobernanza global contemporánea. El grupo reúne a algunas de las economías más desarrolladas del planeta y continúa ejerciendo una influencia notable en ámbitos financieros, tecnológicos y estratégicos. Sin embargo, representa hoy menos del 10% de la población mundial y su peso relativo en la economía global disminuye año tras año.