Son uniformados que no se conocen entre sí y que llegan de brigadas muy diferentes. Por eso, lo primero que sorprende al verlos es la diversidad de edades y de clase social. Hay algunos urbanitas jóvenes recién reclutados, pero también hombres de zonas rurales que perfectamente podrían estar disfrutando de la jubilación y que lucen con orgullo su dentadura de oro, símbolo de estatus durante la Unión Soviética.