Hace veinte, treinta años, cuando venía de vacaciones a México, veía un país alegre, cercano, positivo, contento. Los mexicanos saludaban con cordialidad y siempre había una sonrisa dibujada en sus rostros. Era un país que miraba hacia el futuro, viendo al resto del mundo de tú a tú. Pasaron los años y hoy veo un México deprimido, ríspido, enconado. Veo un México que va languideciendo en una mezcla de abulia y aburrimiento.