Esta semana vamos a hacer una Pausa, una contra el silencio. Porque los que sufren la soledad están hartos de él, hartos del silencio que les rodea. La soledad no se oye, es cuando nadie llama al telefonillo. Y no es lo mismo estar solo que sentirse solo. ¿Dónde está la frontera entre el silencio elegido y el silencio impuesto? ¿Cuándo dejamos de pedir al de al lado un huevo, una pinza para la ropa o una taza de azúcar? ¿Qué dice de nosotros una plaza sin bancos donde sentarse?