Mientras medio país sudaba en la playa a 45 grados y la otra mitad se refugiaba en la montaña, Netflix soltaba —casi de tapadillo, como quien no quiere la cosa— una película que muchos dieron por muerta antes de nacer: Las Guerreras K-Pop. Lo que parecía otro intento más de juntar música y adolescentes con purpurina, en realidad escondía un festival de fantasía, demonios, peleas imposibles y, cómo no, canciones pegadizas.