«Me desvinculo del mar cuando vienen a mí las aguas». El sugerente verso de César Vallejo adquiere un sentido casi literal en el Perú de su nacimiento, el único país suramericano cuya capital mira hacia el océano Pacífico, y que, o bien se alonga sobre la escarpa de curiosos acantilados urbanos, como en Miraflores, uno de los barrios de mayor solera de Lima, o bien sus aguas rompen junto al desierto, como en las próximas localidades de Paracas e Ica.