En sus “Escenarios sobre el fin del PRI”, el ensayista en modo de futurólogo certero Gabriel Zaid estableció en 1985 que uno de los contextos del fin del PRI era el de las divisiones internas. Y así ocurrió: en 1987, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fracturó al partido en el poder desde dentro a partir de la denuncia de desviación ideológica y el dedazo sucesorio y la derrota ocurrió en el 2000.