Jugó tan solo dos temporadas en Cangas antes de convertirse en uno de los mejores extremos izquierdos del balonmano nacional, luciéndose en la Bundesliga, y acumulando títulos (Liga, Copa y Champions este año) con su club, el Fútbol Club Barcelona. Pero ese tiempo fue suficiente para dejar huella y crear un vínculo emocional irrompible entre club y jugador, entre pueblo y jugador.