Los magnolios y cerezos son una explosión de flores rosadas. Los narcisos tapizan de amarillo los prados. El termómetro por fin se empina sobre los 20 grados y el sol acompaña hasta pasadas las 7 de la tarde. Pocas ciudades en el mundo brillan como Londres en primavera. Y este año más que nunca. Después de un invierno implacable, con tres tormentas que asolaron Inglaterra durante febrero, los londinenses esperaban ansiosos la llegada del buen tiempo.