Una vez, esto ya lo habré mencionado alguna vez, no sé en qué página o en qué medio, quizá incluso en este, una vez, yo era chico, había salido a la puerta de casa a contemplar las bellezas del asfalto recién puesto por el municipio, y en esos éxtasis estaba cuando vi pasar el carro del lechero, que arrastraba un caballo viejo y lento. El caballo iba al paso, por la calle lateral, de tierra, dispuesto a cruzar la calle nueva.