Durante años, el cumplimiento fiscal en México se entendió como una tarea operativa del tipo revisar facturas, conciliar información, preparar declaraciones y responder cuando la autoridad hacía alguna observación. Pero hoy vale la pena hacerse una pregunta incómoda, ¿sigue funcionando esa lógica en un entorno de fiscalización digital? La realidad es que el terreno cambió por completo.