Ayer, en la ceremonia de las estrellas Michelin en México, hubo razones para celebrar. Cada año el compromiso de la guía francesa con el país parece un poco más serio, más genuino. Esta edición sumó tres estados fundamentales al mapa de la distinción: Yucatán, Puebla y Jalisco. Son incorporaciones que se sentían pendientes, que le dan a la guía una textura más honesta del territorio gastronómico mexicano. Y sin embargo queda también una sensación agridulce.