En la actualidad, la revalorización de las pensiones se calcula en función del IPC medio, elaborado a partir de una cesta de bienes y servicios, que no refleja el consumo real de las personas pensionistas. Esta cesta incluye partidas como ocio, turismo, bienes tecnológicos, etc., que apenas forman parte del gasto habitual de un gran porcentaje del colectivo pensionista, mientras que los productos esenciales quedan diluidos en una media que rebaja artificialmente la subida final.