“A mí no me va a pasar nada”, le decía Víctor Rodríguez Padilla, todavía como director de la empresa pública más importante en el país, Petróleos Mexicanos (Pemex), a su esposa, la doctora en Ingeniería Nuclear, María Felicia Jiménez Lavié, en medio de la violencia física, psicológica y económica que ejercía el funcionario en contra de ella y de sus dos hijos.