Imagínese un país con un sistema judicial tan corrupto que un juez puede seleccionar a un 'abogado amigo', que trabaja en un bufete privado que defiende a los criminales de 'cuello blanco' –o sea, empresarios y ejecutivos que cometen crímenes financieros–, y nombrarlo como fiscal 'especial' para perseguir a un abogado que ha ganado un caso contra una multinacional por corrupción y contaminación del medioambiente.