“No existe el derecho a ser abuela”, le repite Marina a Abigail F., su madre, que a los 75 años se había imaginado otra vida: una rodeada de retoños. Marina, de 38 años, abogada, es una fiel representante de su generación. “A ella le importa su trabajo, su carrera, sus viajes, sus gatos, pero nunca llegan los hijos”, reclama la mujer. “Cuando yo era jovencita, eso era algo que una quería, aunque fueras muy independiente y profesional: ser madre era parte de nuestra realización personal.