La tensión no avisa con elegancia. Avisa con un zumbido en los oídos, con la nuca tensa como una cuerda, con una sensación de presión detrás de los ojos que no termina de explotar. Y muchas veces avisa un domingo por la tarde, cuando la farmacia está cerrada y la caja de pastillas lleva tres días vacía. Lo primero que hay que saber: no toda subida de tensión es una crisis hipertensiva.