Los microplásticos se han convertido en un contaminante omnipresente, lo que incluye la cadena alimenticia. A raíz principalmente de lo que consumimos, hoy sabemos que hay microplásticos en todos nuestros órganos, en la sangre, semen, en los pulmones, en el cerebro. Nadie ni nada está a salvo, ni siquiera nuestras mascotas.