Mi máxima al escribir estas cartas ha sido la de sorprender al lector en cada nueva frase como sea. El asombro puede venir en forma de metáfora, de mote, de anécdota, de un dato interesante, de un entrecomillado con fuerza, todo vale si golpea al lector con contundencia impidiendo que caiga en la somnolencia. Estas pequeñas sorpresas son la sal y pimienta con las que aderezo mis cartas para intentar que sean amenas. Los relatos monocordes aburren hasta al lector más predispuesto.