Aún recuerdo cuando mi maestra me decía que el fútbol no daba de comer. Cristiano Ronaldo. Eso lo sabe cualquier aficionado que haya gastado en adquirir una playera de Messi, Cristiano Ronaldo, Mbappé, Rafa Márquez o Hugo Sánchez. La camiseta puede ser del club o de la selección, pero muchas veces lo que realmente se compra es el nombre: se vuelve aspiración, recuerdo, pertenencia, ídolo, historia y, por supuesto, negocio. El Mundial vuelve a poner ese fenómeno en primer plano.