La mayoría no conocerá su nombre, pero seguro que los miles de personas que durante años han acompañado el devenir de la Colección del Museo Ruso, ya sea en sus inauguraciones, ya en las visitas a montajes y desmontajes, ya visitando sus extraordinarias exposiciones, reconocerán su pequeña figura siempre pendiente y siempre con una sonrisa. Una sonrisa amable en un cuerpo menudo, aparentemente frágil, que escondía una gran firmeza en la defensa de su gran pasión, el arte y su museo.