Cine e ideología no son conceptos mutuamente extraños que se repelan entre sí. El lenguaje del cine se presta perfectamente a ser empleado para intentar someter la realidad a un esquema preconcebido sobre ella y, de hecho, desde el inicio ha existido un maridaje bien entramado entre ambos. Para Lumière la fuerza del cine estaba en los hechos de la realidad que objetivamente registraba.