Todas las familias tienen secretos. Los guardan por vergüenza, por intentar hacer borrón y cuenta nueva o por la creencia de que es mejor no “contaminar” a las nuevas generaciones con los dramas, errores o dolores que toda familia arrastra de una u otra forma. Todas las familias tienen temas que no se tocan. Asuntos que, con solo ser mencionados, hacen que las miradas se crucen por un instante y luego se desvíen. Temas que provocan cambios abruptos de conversación o silencios incómodos.