No hay terapia para gobernantes. Lo que hay es una amplia literatura sobre los espejos de virtudes, vidas paralelas y, por supuesto, memorias y consejos de viejos reyes y modernos estadistas. En ellas se comenta y discute lo que pudieron haber hecho y no hicieron, lo que debieron haber visto y no vieron, o lo que pudieron haber cambiado y obstinados como estaban por los pequeños diablillos que nos distraen en la vida cotidiana, se negaron a reparar en ello.