La idea suena simple: unir capital entre varios para comprar un inmueble que individualmente sería inalcanzable. Sin embargo, detrás de esa aparente sencillez hay contratos, vehículos jurídicos, riesgos y oportunidades que deben tenerse claros antes de firmar. El modelo que ya mueve 14 billones de dólares en el mundo permite, por ejemplo, que una persona sea dueña de una parte de un local comercial arrendado a una multinacional.