NUEVA YORK -- El hombre sospechoso de asesinar al menos a siete mujeres y arrojar muchos de sus restos en un tramo remoto de carretera cerca de la playa Gilgo en Long Island, en una investigación que duró una década y que mantuvo al mundo en vilo, cambió su declaración a culpable el miércoles, admitiendo así otro asesinato por el que nunca había sido acusado. Esta confesión pone fin a décadas de especulaciones sobre quién estaba detrás de los atroces crímenes.