Sin duda, la imagen más famosa de Christine Keeler es el retrato para el que posó en 1963, en el apogeo del Caso Profumo. Sentada a horcajadas en una silla del club Establishment, que el cómico Peter Cook poseía en el Soho londinense, aparentemente desnuda, miraba a cámara con seguridad. Tenía solo 22 años y su nombre ya era sinónimo de escándalo. Esa foto en blanco y negro la perseguiría el resto de su vida.