Alex Saab era un objetivo estadounidense poco después de 2010, por su relación tan cercana con el chavismo venezolano, y que muy rápido, tras la muerte de Hugo Chávez, se convertiría en un operador político y económico de gran poder e influencia en las áreas más sensibles del gobierno venezolano: economía, negocios, finanzas y, por supuesto, la política.