«Queríamos darle una vuelta, ya no teníamos la ilusión de cuando empezamos hace once años, y buscábamos un giro que nos devolviera la motivación, al mismo tiempo que pudiéramos aportar algo al pueblo». Ibrahim Becerro lo pensó mucho y, pese a las voces de tristeza de muchos clientes, decidió seguir adelante con la idea y cambiar totalmente el concepto: «Renovarse o morir».