El Gobierno y el PSOE en pleno defendían a Zapatero con la intensidad que merece un hombre humilde, hipotecado, de ingresos mesurados que consigna religiosamente en el IRPF. Según su portavoz, el expresidente socialista había sometido a tasación las joyas también modestas, que guardaba en una caja fuerte por respeto al patrimonio familiar. Se movían entre treinta y cincuenta mil euros, la media de la burguesía acomodada.