Durante décadas, la tecnología y la eficiencia eran una ventaja competitiva. Hoy, para buena parte de la economía, se ha convertido en una condición de supervivencia. La agroindustria en Mendoza no escapa a esta realidad y enfrenta el desafío de innovar para sostener su competitividad. La diferencia parece semántica, pero no lo es. Una empresa podía crecer aun con procesos imperfectos, consumos elevados de energía o decisiones basadas en intuiciones. Ese tiempo se terminó.