Las olas de calor no entienden de profesiones, pero hay quienes no tienen la posibilidad de refugiarse en una oficina con aire acondicionado ni de teletrabajar cuando el mercurio se dispara. Para miles de trabajadores, las jornadas continúan desarrollándose a la intemperie, expuestos durante horas a temperaturas extremas que obligan a adaptar rutinas, modificar horarios y extremar las medidas de prevención. El calor condiciona su forma de trabajar, pero rara vez detiene su actividad.