A más de 4.000 metros bajo la superficie del océano Pacífico, una máquina de más de 70 toneladas avanzaba como un tanque oruga a lo largo de unos 160 metros —aspirando nódulos de roca del tamaño de una papa repletos de cobre, manganeso, cobalto y níquel—. Era 2022, y esa prueba piloto de una cosechadora submarina realizada por una empresa canadiense, The Metals Company, se declaró un éxito.