Ya en 1918, en una Alemania en ruinas, Oswald Spengler había anunciado el declive de Occidente debido a los desequilibrios del capitalismo, el desarraigo de las masas, la caída de su vitalidad y la pérdida de sus valores. Su juicio era acertado en lo que respecta a Europa, que se suicidó material y moralmente con las grandes guerras del siglo XX.