Lunes, víspera de la verbena. Aunque todo estaba dispuesto para celebrar la presentación al aire libre, en la terraza-jardín de La Central del Raval, entre palmeras y plantas trepadoras, la fogarada que aún se derramaba sobre nuestras coronillas a las siete de la tarde sugirió trasladar el evento al interior, al amparo de las frigorías. Suerte que el debate iba a transmudarnos a una geografía más refrescante: Berlín en un anochecer otoñal, bajo una llovizna heladora.