Hace unas semanas comentamos en Disidencia el caso de Roxana Guzmán y la falla estructural del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Señalamos que ese sistema está diseñado para reaccionar cuando la víctima ya identificó el riesgo, no para detectarlo antes. Roxana nunca solicitó protección. El mecanismo nunca la identificó. Y cuando un comando armado irrumpió en su domicilio de Nanchital, Veracruz, el 2 de junio, no había nadie que pudiera detenerlo.