Desde entonces, Ramos calcula que ha ayudado a identificar al menos a 10 víctimas. "Mi esposa me dice: 'Ya basta, te va a dar un infarto'", relató. "Pero no puedo parar. No tengo paz ni espacio mental para nada más". Ramos, uno de los cerca de ocho millones de venezolanos que viven en el extranjero, también logró reunir a un niño de su ciudad natal, Maturín, con su padre, activando contactos dentro de su red.