Durante años, la interpretación simultánea se desarrolló principalmente en entornos presenciales. El esquema era relativamente sencillo: ponentes en escenario, asistentes en sala, cabinas de interpretación y receptores para el público. La llegada de los formatos híbridos no ha sustituido este modelo, pero sí ha añadido nuevas variables que obligan a replantear su diseño. Uno de los aspectos más críticos es el audio. Para un intérprete, la señal de sonido es la materia prima de su trabajo.