Sin embargo, la obra nunca estuvo en el País Vasco y su relación con Guernica es, en términos estrictos, nula. En la enorme tela no hay un solo elemento reconocible de la localidad. Y ese –su tamaño– es, además, su principal problema. Transportarlo es complicadísimo. En otras épocas se enrolló como una alfombra, siendo una de las obras de arte más viajeras de la historia. Entre 1937 y 1992 se trasladó 45 veces, sufriendo pérdidas de pintura en cada movimiento. Hoy ya no se quiere correr ese riesgo.