Muchos manifiestos no tienen eco más allá de la habitación llena de humo donde se redactan; unos pocos causan cambios políticos y culturales, como el 'Manifiesto del Partido Comunista' de Marx y Engels, el 'Manifiesto Surrealista' de André Breton o el 'Manifiesto de las 343' redactado por Simone de Beauvoir a favor de la legalización del aborto como pilar del feminismo.