Parece el título de una película… Cuando reflexiono sobre la evolución del congelado en 40 años, pienso en las grandes diferencias que hay en la forma de comprar, de cocinar y de comer entre estas dos generaciones. Mis abuelas jamás imaginaron que un pescado, una verdura, una carne o un potaje se pudiera congelar y mucho menos, como buenas valencianas, una paella: ¡Se hubieran horrorizado! En el mercado solo había productos frescos, además limitados y para consumir principalmente en el día.