La idea del diagnóstico severo como punto de inflexión vital, como esa noticia que nunca querríamos recibir y que, en cuestión de segundos, pone nuestro mundo patas arriba, desmontando la inercia en la que nos vemos inmersos, para revelarnos, por otro lado, cuales son las cosas verdaderamente importantes en la vida, no es algo novedoso en la historia del cine.