Durante años, el mundo de la moto ha estado rodeado de una cultura propia. Saludos entre usuarios en carretera, concentraciones, rutas compartidas, un lenguaje particular y una forma de entender la movilidad que va mucho más allá del simple desplazamiento. Sin embargo, ahora la ciencia aporta nuevos argumentos para explicar por qué los moteros parecen diferentes. Y no se trata únicamente de una cuestión de estilo de vida.