Hace diez años y medio asumió usted el cargo en un ayuntamiento con 350 millones de euros de deuda. ¿Sintió pánico, vértigo...? Una tremenda preocupación y, a la vez, una enorme responsabilidad. Imagínese la situación: proveedores angustiados preguntando cuándo van a cobrar para tener liquidez y hacer frente a sus propios proveedores, a las nóminas de sus empleados, a los impuestos, algunos de ellos municipales.