Allí me encontraba, en un evento social. La típica fiesta a la que, sin saber muy bien cómo ni por qué, te ves empujado a asistir. Y es que en realidad, yo no había pedido participar en aquello. Simplemente, alguien me había apuntado, y yo no supe decir que no. Se supone, según decían todos, que iba a ser un evento en el que podría pasármelo bien. Pero no parecía ser así. No me encontraba a gusto. Estaba rodeado de personas con las que prácticamente no tenía nada en común. Me sentía un extraño.