La larga y sinuosa ruta de Christopher Beha desde un ateísmo bien fundamentado hasta una fe cristiana aún más cultivada comienza con una imagen poderosa: un ángel se le aparece. No es Clarence, el atolondrado amigo de Jimmy Stewart en ¡Qué bello es vivir!, sino una aparición exigente y persistente. En su profunda reflexión sobre la fe y la filosofía, Why I Am Not an Atheist (Por qué no soy ateo), explica que el espíritu le dijo que confiara en Dios.